El lugar menos pensado

 Buscábamos un lugar para nuestra luna de miel; no queríamos caer en el típico all inclusive del Caribe, así que tomé el globo terráqueo de mi abuelo que tenía sobre el escritorio, le di un par de vueltas y decidimos el destino al azar: Goa, en India.

 Mariano estaba bastante entusiasmado por tratarse de un lugar exótico, yo en cambio estaba preocupada por todas las vacunas que me tenía que dar y por los dos días que perdíamos entre escalas. Me puse a investigar y resulta que para Febrero, la fecha tentativa del viaje, sus habitantes celebran carnaval. Por lo que vi se parece más al Carnaval de Rio de Janeiro que al concepto de Carnaval que teníamos en mi barrio donde los chicos se divertían tirando bombuchas a los autos y a los caminantes desafortunados que pasaban por allí. A mí lo que más me interesaba de Goa eran sus playas paradisíacas, de agua cristalina y relajarme allí bajo una palmera viendo el sol esconderse en el mar Arábigo mientras leía algún libro o tomaba clases de yoga o de meditación. En cambio a Mariano le gustaba la idea de la aventura, de recorrer y descubrir todo lo que ofrecía el lugar: como sus cascadas ocultas. Vi en una página de internet que la catarata de Dudhsagar es de las más impresionantes que hay y se puede llegar facilmente en auto. No me entusiasmaba demasiado los planes con largas caminatas en Argentina, menos aún en una zona tropical ya que sufro demasiado el calor. Además creo que India es uno de los países con mayor entramado de costumbres y rituales en el mundo, como para pasarnos la Luna de Miel caminando por la selva. Dentro de las atracciones obligatorias incluí al mercado de Anjuna. En este venden baratijas, como cualquier mercado de San Telmo, pero es único en la variedad de sari y de especias frescas que ofrece. Una vez había ido a un casamiento hindú y envidie a todas las mujeres por sus hermosas túnicas y saris de colores vibrantes, que me prometí usar varios durante el viaje. Goa también presenta su lado histórico, en la fortaleza de Aguada de la época colonial. Nunca antes había visitado una fortaleza, se veía imponente. Había leído que la construyeron en el siglo XVII para evitar las invasiones holandesas; para ese entonces Goa era una colonia portuguesa. El hotel que reservamos quedaba en la Vieja Goa. Una amiga que lo visitó me lo recomendó por su buen servicio y por que ofrecían clases culinarias: el pollo al curry era su especialidad. También por esa zona está la basílica de Bom Jesús que es patrimonio histórico de la humanidad. Me generaba un poco de ansiedad la idea de viajar a un destino con tanta oferta cultural, de aventura y de relax. Sabía que íbamos a tener que ponernos de acuerdo con Mariano para poder hacer lo que más nos gustaba a cada uno. Sin embargo había una atracción en la que íbamos a coincidir seguro: ir a ver el espectáculo de tiatr, que para los hindúes es la esencia del teatro musical. Nosotros amamos el teatro, nos conocimos tomando clases cuando teníamos dieciséis años, y quince años después nos casamos, conocimos la India y la elegimos para vivir el resto de nuestras vidas.

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