Ropa tendida


Miro con desconfianza las nubes grises
sobre la ropa recién tendida.
Hoy no escuché el pronóstico,
pero confío en que no va a llover.
Sigo lavando ropa.
Las nubes siguen ahí, cada vez más oscuras,
espesas y amenazantes.
 
“Son nubes de frío, no de lluvia”
me decia mi mamá
cuando tendía las sabanas de todas las camas,
bajo el amparo de las nubes densas.
 
Confió en esas palabras
que viajaron de madre a hija
cada vez que se avecinaban las nubes,
cada vez que sentía la amenaza cerca,
cada vez que afuera estaba oscuro,
a la hora de tender la ropa.

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