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El día que toca
no es el que esperaba,
ni el que planifiqué.
No es el que pensé la noche anterior,
cuando apoyé la ropa en el sofá,
las botas al pie de la cama y los anillos en el cenicero.
No es el día para los anteojos y el rubor.
No
Hoy no necesito ni siquiera el reloj.
 
Es el día que se despierta
y espera todo de mí.

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